Empecé a dirigir una obra de teatro con un elenco muy internacional, cosa que no es de extrañarse en Londres, aunque debe decirse que en el teatro las oportunidades para los que no nacimos aquí, o no somos hablantes nativos, son muy escasas. El tema principal de la obra que intento dirigir es el mito de Medea, y hace aproximadamente un mes que empezamos el taller apoyado por Nueva Generación en los headquarters de Vauxhall Gardens Community Centre, para encontrar un lenguaje común, conocernos y entrenar. En este tiempo he dedicado horas a estudiar textos de teatro; principalmente escritos por Stanislavski, Grotowski, Boal y Bogart -es completamente inintencionado el hecho de que los dos primeros nombres terminen en ski y los dos últimos empiecen en Bo!
Es curioso pero a pesar de que existen cientos de libros de teatro, hay muy pocos que realmente llegan a comprender la práctica teatral, es decir, a tocar sin rodeos la espina dorsal del qué y por qué de cada aspecto técnico, psicológico y hasta espiritual -tomemos por ejemplo a Grotowski, quien consideraba al actor como sagrado. Yo estaba buscando libros que me orientaran para poder dirigir ejercicios y facilitar el entendimiento del texto, el movimiento y la voz; así como la psicología del personaje. Sin embargo me encontré con reflexiones aparentemente bien intencionadas acerca de lo difícil que es articular el arte teatral. Nada nuevo bajo el sol, la mitificación era lo que distinguía la carrera de actuación que cursé en México.
En la Escuela Nacional de Arte Teatral tuve varios profesores que intentaban malabarear ciertos ejercicios que habían aprendido aquí y allá, sin enfocarse en nada concreto realmente ni desarrollar una técnica articulada. Podría decir que, o eran muy mezquinos y no querían revelar los secretos para llegar a ser un buen actor, o eran completamente ignorantes y por eso mantenían siempre un velo de misterio alrededor del teatro. Los largos y pesados años de angustia que pasé en la ENAT podrían resumirse en eso: años que -afortunadamente- pasaron. Muchos de mis compañeros, si no es que la mayoría, se dedican ahora a otra cosa que nada tiene que ver con el teatro. Cuando tienes dieciocho años no piensas en las dificultades de una carrera así, obviamente. Es duro ser freelance y al mismo tiempo continuar entrenándote, ser independiente económicamente y sobre todo mantenerse motivado y emocionado acerca de la carrera.
Ha sido realmente interesantísimo encontrarme otra vez con los textos de Stanislavski, que había leído hace mucho tiempo. También ha sido interesante explorar la bilioteca de Goldsmiths College, y descubrir nuevos textos de Grotowski. Sobre todo aquellos en los que habla sobre Stanislavski y el método de las acciones físicas que el director y actor ruso desarrolló a lo largo de su carrera y al que dió más importancia hacia el final de la misma. No es de extrañarse que Stanislavski siga siendo tan importante, ya que su método fue profundamente explorado por sus actores, así como por gente tan apasionada como Grotowski y sus alumnos.
Dejo aquí un extracto del libro de Stanislavski in rehearsal de Vasili Toporkov, que descubrí gracias a la recomendación que hace Grotowski en una charla que dictó en Estados Unidos:
Of all the things I had seen and understood in my earlier rehearsals with Stanislanvski, that [the technique of acting] was what excited me the most. I still couldn’t really do anything but I understood that this was very important for an actor, and I felt that, in the end it could be mastered, and I realised it was something akin to exercises for the violin, or technical music exercises -études- in general. I knew that, as a former musician. The same étude can be played, in different rhythms, with different bowing, to different ends.